Tono Magrans

Light Stories

Tono Magrans

Funiculí

Entre el diseño gráfico, la imagen en movimiento y la creación de contenido, Tono Magrans desarrolla una práctica que transita constantemente entre lo analógico y lo digital. En el centro de su modus operandi está el objeto: observarlo, perfilar su personalidad e imaginar cómo hablaría o se movería para hacer del propio proceso creativo parte del resultado final.

En esta edición de Light Stories, el diseñador traslada su mirada a la colección Funiculí de Lluís Porqueras. Partiendo del movimiento inherente a la lámpara, Magrans altera su contexto y juega con sus posibilidades para ensayar nuevas lecturas de un diseño que, más de cuatro décadas después, sigue abierto a nuevas interpretaciones.

Para quienes se acercan por primera vez a tu trabajo, ¿cómo describirías tu universo visual? ¿Hay algún hilo conductor que atraviese tus proyectos?
TMMe encuentro en una fase demasiado inicial de mi trayectoria como para describir un universo visual propio. Aun así, mi enfoque se basa bastante en el movimiento. Mi recorrido académico y profesional me ha dado un marco de referentes que abarca desde las bases más puras del diseño gráfico hasta los motion graphers, creadores y programadores digitales.
Identidad, campaña gráfica, motion: tu portfolio reúne encargos muy dispares. ¿Qué hace que un proyecto se sienta tuyo más allá de un estilo visual reconocible?
TMMi práctica se basa en el aprendizaje y la autoproducción. Me atraen las disciplinas más analógicas a la hora de crear, pero siempre combinadas con una dimensión digital. Pocas veces genero proyectos que queden relegados únicamente a uno de estos dos ámbitos.
Has trabajado junto a diseñadores con una trayectoria muy consolidada, como Mario Eskenazi. ¿Qué has aprendido trabajando a su lado? ¿Hay algo de esa experiencia que hayas incorporado a tu propia manera de hacer?
TMFormar parte del estudio de Mario me ha permitido contrastar el ritmo del diseño gráfico puro con el frenetismo de la creación de contenido para redes.
La imagen en movimiento ocupa un lugar importante en tu práctica. ¿Qué encuentras en el ritmo, la secuencia o la transformación que no hallas en lo estático?
TMCuando se me presenta un brief, siempre intento darle personalidad al objeto. ¿Cómo hablaría? ¿Qué me contaría? ¿Cómo se movería? Suelo encontrar la respuesta en el movimiento: colgar un zapato con hilo de pescar en una puerta y hacerlo mover con un secador de pelo, con una esterilla de yoga verde de fondo a modo de chroma... El proceso también forma parte de mi trabajo: entiendo que la creación y la conceptualización son parte de la obra final y no únicamente un medio para conseguir una imagen estética. Un vídeo me permite generar el proyecto, pero también archivar el propio acto de creación.
La creación de contenido se ha convertido en otro territorio propio, trabajando con marcas como Camper y Alohas. ¿Cómo llegaste a este lenguaje y qué te permite explorar más allá del diseño gráfico tradicional?
TMEmpecé en la creación de contenido durante mis primeras prácticas universitarias en Sivasdescalzo. Al principio hacía contenidos estáticos para Instagram y la web, pero justo entonces llegaron los reels y empezamos a producir también vídeos, tanto digitales como analógicos, en la oficina, la terraza, la calle o la tienda. Con el vídeo descubrí además un mundo en el que me sentía muy cómodo: los zapatos. Me parecen objetos con muchísima personalidad, capaces de decir mucho de quien los lleva. Clientes como Camper me han dado la oportunidad de apropiarme de un objeto cotidiano, entender sus procesos y ciclos de vida (desde su ideación hasta su reciclaje) y reinterpretarlo desde mi propio lenguaje digital.
Funiculí fue diseñada por Lluís Porqueras en 1979 y, más de cuatro décadas después, sigue resultando sorprendentemente actual. ¿Qué viste en ella cuando empezaste a pensar cómo trasladarla a tu propio vocabulario?
TMDe entrada, le vi cierto parecido con un instrumento musical, como un trombón. Más adelante, al profundizar en la visión de Lluís Porqueras y en el peso histórico de Funiculí, entendí que la lámpara ya tenía un carácter y un contexto social establecidos, y eso me daba más libertad a la hora de crear. No tenía que reinventar ni reescribir nada; quería simplemente aprender y pasarlo bien durante el proceso.
El movimiento forma parte esencial de Funiculí: puede subir, bajar, girar y orientar la luz. ¿Cómo influyó esa cualidad casi cinética en la colaboración con Marset?
TMDecidí que sus cualidades móviles serían uno de los caminos a explorar en los vídeos: entender su diseño y sus posibilidades para darle una voz propia y poner en valor su flexibilidad.
En una de las piezas sacas Funiculí literalmente a la calle, en pleno centro de Barcelona. ¿Qué te interesaba de esa descontextualización? ¿Qué ocurre cuando un objeto cotidiano aparece donde no debería estar?
TMMi zona de confort siempre han sido los zapatos y la moda, que me permiten crear en cualquier entorno, ya sea interior o exterior. Con Funiculí, inicialmente me encontré con la limitación del contexto: siempre esperarías encontrarla sobre un escritorio, al lado del sofá… Cuando descontextualizas un objeto de su uso habitual, generas una idea contraria a la que se tenía de él. Esa sensación llama la atención y permite entender el objeto no como un elemento estático, sino como algo cambiante, abierto a distintas interpretaciones de la domesticidad según quién lo tenga.
En otra pieza conviertes Funiculí casi en un instrumento musical, construyendo una pequeña composición en la que movimiento y sonido juegan con cierto sentido del humor. ¿Qué te interesaba de animar la lámpara desde ese registro más lúdico?
TMLluís Porqueras cuenta, como anécdota, que el nombre de Funiculí viene de la canción «Funiculì, Funiculà» de Luigi Denza, que conmemora la apertura del primer funicular del Vesubio. Joan Gaspar [su discípulo, además de diseñador y director de producto de Marset] le confiesa entonces que él siempre había pensado que el nombre venía del funicular del Tibidabo. Porqueras le explica que, en realidad, el movimiento ascendente y descendente de la lámpara se denomina «movimiento funicular». A partir de ahí, quise crear algo que mezclase las posibilidades de movimiento de la lámpara con lo musical.