Situada entre las colinas de la región del Chianti, en la toscana italiana, Vignamaggio es una histórica finca donde viñedos, jardines y arquitectura han evolucionado de la mano durante más de seis siglos. En su centro se encuentra La Fattoria, un lugar donde la gastronomía de temporada, la artesanía local y los rituales cotidianos convergen para abrir las puertas de la finca a través de la hospitalidad, sin artificios.

 

Concebido como una extensión natural de su entorno, el proyecto se despliega a través de la luz, la materialidad y una serie de intervenciones precisas y contenidas. Una aproximación que entiende la restauración no como la conservación del pasado, sino como una forma de redefinir cómo se vive y se experimenta la hacienda en la actualidad.

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Hablamos con Emmanuelle Sebillet sobre restauración, artesanía y el papel de la luz a la hora de conectar arquitectura y paisaje.

La Fattoria es el resultado de cinco años de restauración, pero da la sensación de haber recuperado mucho más que un edificio: una forma de habitar el paisaje. ¿Cuál fue la idea que guió el proyecto desde el principio?
ESNunca fue simplemente restaurar un edificio histórico, sino que nos propusimos revelar su identidad y hacer que volviera a tener sentido para la vida contemporánea. Desde el principio entendimos La Fattoria como un lugar con una memoria muy arraigada, donde arquitectura, interiores y paisaje siempre han dialogado. Es la historia de una antigua finca agrícola que inicia una nueva etapa.
A lo largo del proyecto hay una clara voluntad de diluir los límites entre interior y exterior. ¿Cómo se tradujo esa idea en la experiencia cotidiana del espacio? 
ESQueríamos que el paisaje formara parte de los interiores. Grandes ventanas correderas verticales de tres metros de altura crean una conexión continua entre dentro y fuera, mientras que una cuidada disposición de espejos amplifica la luz natural y multiplica las vistas de 360 grados sobre las colinas del Chianti, la llanura de Montagliari y el valle. Desde cualquier estancia, los visitantes mantienen una conexión visual constante con la finca y con el paisaje agrícola que abastece nuestro restaurante.
Vignamaggio atesora más de seis siglos de historia. ¿Cómo se interviene un lugar con un legado tan potente sin caer en la nostalgia?
ESNuestro enfoque nunca fue recrear el pasado, sino reinterpretarlo. Trabajamos con materiales auténticamente toscanos (madera, “pietra” serena, terracota y hierro) combinándolos con diseño contemporáneo. Aunque la mayor parte del mobiliario pertenece a firmas italianas, Marset fue nuestra elección para la iluminación. Su diseño atemporal y discreto aporta una capa contemporánea a los espacios exteriores, complementando la arquitectura histórica sin competir con ella.
Si Vignamaggio es un paisaje, ¿qué aporta La Fattoria a su historia?
ESSi Vignamaggio cuenta la historia del paisaje, La Fattoria es el lugar donde esa historia se vive. Conecta la producción agrícola de la finca con la experiencia de quienes la visitan, creando un espacio donde descubrir, degustar y comprender el trabajo que hay detrás de cada producto que llega a la mesa.
En La Fattoria conviven restaurante, tienda, talleres, catas y actividades culturales. ¿Cómo logran que espacios con funciones tan distintas compartan un mismo lenguaje arquitectónico?
ESAunque cada espacio responde a una función distinta, todos giran en torno a una misma idea: compartir la vida de la finca. Una paleta coherente de materiales naturales, mobiliario diseñado a medida y una fuerte conexión visual con el paisaje crean un lenguaje común que hace que cada espacio forme parte de una misma historia.
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La luz acompaña al visitante tanto en el interior del edificio como en el paisaje que lo rodea. ¿Qué papel desempeña la iluminación a la hora de conectar ambos mundos?
ES La iluminación se concibió como una prolongación natural de la luz del día. Durante las horas de sol, las grandes aperturas inundan los interiores de luz natural; al caer la noche, la iluminación de Marset toma el relevo con calidez y discretamente que conecta los espacios interiores con jardines y terrazas, manteniendo esa misma sensación de continuidad.
Ginger y Plaff-on! se integran en el proyecto casi como una extensión de la propia arquitectura. ¿Qué queríais que aportara la iluminación exterior a la experiencia?
ESQueríamos que la iluminación exterior realzara el paisaje en lugar de imponerse sobre él. Las luminarias de Marset ayudan a crear una atmósfera cálida y acogedora que permiten disfrutar de la finca con comodidad desde el día hasta la noche.
La finca está marcada por el ritmo de las estaciones, la vendimia y la vida agrícola. ¿Cómo responde el proyecto a un paisaje en constante transformación?
ESEl proyecto fue concebido para acompañar el cambio, no para resistirse a él. Las grandes aperturas, los materiales naturales y el diálogo constante entre interior y exterior permiten que los espacios reflejen la evolución de la luz, los colores y los ritmos de la finca a lo largo del año. Además, nuestro huerto y la propuesta gastronómica de temporada del restaurante refuerzan esa conexión con el ciclo natural.
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La Fattoria se percibe menos como un destino y más como una invitación a descubrir un territorio. ¿Qué os gustaría que se llevaran los visitantes después de pasar tiempo aquí?
ESEspero que se marchen con una comprensión más profunda de Vignamaggio, no solo como un lugar de gran belleza, sino como una finca agrícola viva. A través de los espacios, el paisaje y la gastronomía, los visitantes descubren el vínculo que existe entre la tierra, sus productos y las personas que la cuidan.
Si La Fattoria fuera una única imagen o una sola sensación, ¿cuál sería?
ESSería el aroma del Vin Santo. La “vinsantaia”, con sus notas de almendra, miel y vino envejecido, condensa el carácter auténtico de Vignamaggio y su profunda conexión con la tradición.