En pleno Le Marais, entre cafés de especialidad, galerías y tiendas de autor, Cortado se ha convertido en uno de los puntos de encuentro más reconocibles de la nueva escena creativa parisina. Lo que comenzó con la idea de llevar desayunos salados y tapeo a la ciudad desde una mirada contemporánea y libre de clichés ha ido construyendo un imaginario propio.

Con una atmósfera cálida y mediterránea, Cortado funciona como café, cantina y espacio de comunidad. Un lugar donde la luz, la música, los objetos y el ritmo del día conviven de forma natural, atrayendo a perfiles creativos de distintas partes del mundo.

Hablamos con Adrián y Tom Aymerich y Helena Martín sobre identidad, comunidad y cómo transformar un café en una forma de estar.

M:Cortado nace con un propósito claro: llevar desayunos salados y tapeo a París. ¿En qué momento entendisteis que no estabais abriendo solo una cafetería, sino construyendo un imaginario? 

CC:Desde el inicio había una intuición, pero no era algo estratégico. Queríamos traer algo que echábamos de menos en París, pero con nuestra propia mirada. Con el tiempo entendimos que Cortado no era solo un café, sino una forma de vivir: una atmósfera, una energía, una manera de estar. La gente no venía solo a comer o tomar café, venía a sentirse parte de algo.

M:¿Cómo cambia vuestro proceso cuando diseñáis para un hotel, un restaurante o una vivienda privada?

CC:Nos dedicamos principalmente a hoteles y restaurantes, así que el enfoque es bastante similar. Un hotel siempre integra uno o varios espacios de restauración, y eso hace que los proyectos estén conectados desde el inicio.

M:En vuestro discurso aparece la idea de una “nueva escena española”. ¿Qué define esa escena y qué os interesa mostrar de ella, sin caer en el cliché? ¿Qué incluís y qué dejáis fuera conscientemente?

CC:Para nosotros, esta nueva escena es mucho más libre y diversa. No está ligada al folklore ni a una imagen tradicional de España, sino a una más creativa y abierta al mundo. Nos interesa lo cotidiano, lo honesto, lo bien hecho sin artificio, dejando fuera todo lo que suena a forzado.

M:¿Por qué Le Marais?

CC:Tiene una energía muy especial. Es un barrio vivo, creativo, con una mezcla constante de gente local e internacional. Hay una apertura a nuevas propuestas y una sensibilidad estética que encajaba con nosotros.

M:Cortado es el punto de encuentro de perfiles creativos internacionales, desde Rosalía hasta creadores de contenido. ¿Cómo se construye un espacio para que una comunidad tan diversa se sienta, literalmente, "en paz"?

CC:Teníamos claro que no queríamos crear un lugar "instagrameable" con fecha de caducidad. Cada elemento ha nacido de lo que nos gusta y con lo que nos sentimos cómodos. Cuando se cruza la puerta de Cortado, vives algo muy orgánico: la música, el ambiente, la comida, el equipo y los propios clientes crean algo que no se puede forzar. La gente se siente en casa, y creo que eso es lo que hace que quieran volver.

M:El mobiliario lo firma Marc Morro y la luz viene de Marset, con diseños de Joan Gaspar y Jaume Ramírez. Tres nombres catalanes para un café español en París. ¿Fue una decisión consciente o una casualidad con sentido? ¿Qué atmósfera buscabais construir en este pequeño oasis mediterráneo en pleno bullicio parisino?

CC:Fue una decisión completamente consciente. Son diseñadores y marcas que seguíamos desde antes de abrir Cortado, y el proyecto fue la oportunidad de trabajar con ellos. Buscábamos un ambiente cálido, mediterráneo, pero sin caer en lo evidente. Un lugar donde la luz, los materiales y los objetos dialogaran de forma muy natural, creando una sensación de calma dentro del ritmo de París.

M:La luz en Cortado no es protagonista, pero lo define todo. ¿Cómo se pensó y cómo dialoga con el concepto gastronómico?

CC:Exacto. La luz no está pensada para destacar, sino para acompañar. Es una luz suave, muy trabajada, que envuelve el espacio sin imponerse. Ayuda a crear esa sensación de confort y coherencia con todo lo demás: la comida, los materiales, el ritmo del lugar.

M:El ritmo del local cambia del café de día a la cena informal. ¿Cómo ayuda la luz a modular esa transición?

CC:La luz acompaña el ritmo del lugar de forma muy natural, casi sin que se note. Por la mañana es más abierta y funcional. A medida que avanza el día, se vuelve más cálida, más envolvente, adaptándose al afterwork y a ese paso hacia algo más relajado e íntimo. Nos interesa justamente eso: que la transición sea fluida, casi intuitiva. Como el propio ritmo de Cortado.

M:Con la apertura de la nueva Cantina Cortado en el mismo tramo de calle, el proyecto crece. ¿Cómo se traslada el ADN del café original a un formato de restaurante sin perder la esencia?

CC:La clave ha sido mantener la esencia sin caer en la repetición. Cantina es una evolución natural, más centrada en la comida, pero con la misma sensibilidad y la misma forma de entender el espacio y la experiencia. El ADN no está en el formato, sino en los detalles: en la atmósfera, en la energía, en cómo recibimos a la gente. No se trata de copiar, sino de dejar que el concepto evolucione de forma orgánica.

M:El proyecto no ha dejado de expandirse, con colaboraciones como la de Zara. ¿Cómo estáis viviendo este acelerón?

CC:Con mucha ilusión. Ver que la marca y todo su universo creativo conecta con tanta gente es muy especial. Intentamos vivirlo con naturalidad, sin perder de vista lo que somos desde el principio.

M:Si Cortado no fuera un café, ¿qué sería?

CC:Un enfant terrible. Un big kid que no pide permiso, que mezcla códigos y que no se toma nada demasiado en serio, pero hace las cosas muy bien. O una fiesta de día que se alarga sin plan. Al final, Cortado no es un formato: es una personalidad. Un poco irreverente, bastante libre, y siempre en movimiento.