La luz es un lenguaje que lo que hace es explicar tu cultura y tu sensibilidad

-¿Qué diseñadores te gustan?

Los que tienen en cuenta el confort y los valores relacionados con la armonía, la proporción y el respeto por el ser humano. En eso me identifico con los japoneses y también con los países escandinavos, por cultura viven muy cerca de la naturaleza.

-Hablas de lámparas encendidas de día.

Me gustan mucho. Ahora que el LED no consume, es todavía mejor. Como suelen hacer los nórdicos, que tienen siempre presente la luz del fuego, la de las velas. Nosotros encendemos las velas por la noche, ellos a las 9h de la mañana o a las 12 del mediodía. Comen con velas y no es una cuestión de falta de luz, sino de cultura del fuego y de sabiduría sobre la manera de acoger o de crear un ambiente alrededor del fuego.

Cuando alguien dice: “en la mesita de noche hay una luz fea, la tapo con un pañuelo porque me molesta”, este pañuelo se convierte en un lenguaje que utilizas a través de esa luz y la proyectas hacia el ambiente que quieres crear.  La luz es un lenguaje que explica tu cultura y tu sensibilidad.

-Tú no te adaptas a la luz, la luz se adapta a ti.

-Cuando voy a buscar una lámpara no me fijo si es para oficina o de sobremesa. La escojo porque me va bien para proyectar mis sombras. Me gustan mucho las lámparas que giran con brazos. Y con pantallas opacas, que proyectan luz hacia arriba y hacia abajo. Igual que si te construyes una casa, a un arquitecto le cuentas cómo quieres vivir, estaría bien que a un fabricante de lámparas le pudieras decir cómo quieres la luz. Si pudiera fabricarme mis lámparas, con Marset lo tendría fácil.

– ¿Cómo influye la luz al decorar tus espacios?

Cuando en tu casa tienes una decoración muy bonita para mirar o para hacer una foto pero no te encuentras bien en ella, no te quedarás. Con una buena decoración te entran ganas de refugiarte en ella, de hacerte tu sitio, y vivir ahí, es como un nido. Y en esto, la luz ayuda muchísimo. Los puntos de luz tienen que iluminar para acentuar lo que tú quieres resaltar, crean un lenguaje para el que mira. Iluminas unos puntos en los que enseñas lo que te interesa mostrar. La luz es un lenguaje que lo que hace es explicar tu cultura y tu sensibilidad.

Yo, si fuera una Superman-mujer y diera los Premios de las Lámparas, me cargaría a todos los que ponen el acento en el Diseño y se hacen un homenaje a sí mismos, los que parece que vayan diciendo con soberbia “Yo soy diseñador de lámparas”. ¿Cómo soportar unas lámparas que iluminan de forma que nos impiden vivir bien y estar bien con nosotros mismos?. Hay que ser atrevido con la luz y comprarse una lámpara que vaya bien con lo que quieres hacer y no comprarte un diseño que te perturba a ti, a tu casa y a tu ambiente.

¿Cuál es tu relación con Marset, cómo entra en tu vida?

-A través del diseño. Me fijé en unas lámparas que me gustaban mucho y eran de ellos. De Marset me interesa su apuesta por un diseño que no sigue moldes, desarrolla cultura propia, hay una parte de territorio y una parte internacional…

También que percibes claramente que hay alguien detrás de Marset. Una empresa pequeña-mediana formada por gente con ganas de escuchar, mejorar, sorprender. Identifico Marset con una cultura mediterránea moderna.

-¿Qué relación tienes con los objetos que te rodean?

No soy muy coleccionista de cosas que me compliquen la vida. Por ejemplo, cuando compro una obra de arte, sé que me tiene que gustar toda la vida. El noventa por ciento de la cosas hace muchos años que las tengo y continúan encantándome. Los objetos son como una persona mayor o como una casa, cuantos más años pasan más bonitos se vuelven. Van evolucionando. Para mí los objetos, como la luz, son un lenguaje que muestran cómo eres tú, pero lo enseña con sutileza.