Una lámpara tiene que crear una luz bonita

Joan Gaspar aprendió el oficio de diseñador industrial trabajando con Lluís Porqueras a finales de los años ochenta del siglo XX, en una pequeña editora de lámparas en el barrio del Poble Nou de Barcelona. Desde entonces ha diseñado infinidad de productos, regidos por la simplicidad como máxima incuestionable, con especial dedicación al sector de la iluminación. Pero, además, pronto cumplirá dos décadas como director de producto de Marset. A Gaspar le interesa hablar de lo que no se ve en las lámparas. Lo que se ve, dice, es obvio. Se nota que disfruta encontrando soluciones a cualquier cuestión que se le presente, papel y lápiz en mano, o dándole vueltas al objeto. Que le gusta dejar bien atados todos los cabos.

No eres un artista?
No me considero un artista. Nuestro trabajo no es de artistas. De hecho, el lenguaje del diseño industrial y las decisiones que se toman al diseñar un producto y fabricarlo no suelen tener que ver con el arte. El trabajo del diseñador engloba muchas facetas, no hay que olvidar que trabajamos con el producto, que suele ser el centro de cualquier empresa. No podemos perder de vista que lo nuestro es un oficio. Y el producto tiene que funcionar y gustar al cliente y a la gente.

Eres director de producto de Marset. Qué hace un director de producto?
Escoger los productos que se editan, cómo se editan, qué materiales, qué sensaciones nos gusta que transmitan, qué percepción de calidad ofrecen, qué luz deben hacer, qué función han de cumplir. Siempre hay una relación entre la tecnología y el material que se utiliza con la percepción de calidad y la luz que emiten. El proceso para llegar a tener un producto en el mercado es complejo. A menudo, durante el desarrollo de los productos, algunos caen y no se acaban fabricando.

Un éxito viene después de muchos fracasos.

Cuáles son los valores de Marset?
Intentamos que nuestros productos sean poco estridentes, cuidamos mucho la luz, que tengan una percepción de valor alta, que estén bien proporcionados, que decoren apagados y encendidos y, al fin y al cabo, que sean bonitos. En Marset buscamos además que nuestros productos perduren en el tiempo, y quizás eso implica no estar demasiado sujetos a las tendencias.

Si haces objetos bonitos, que además dan buena luz y no son demasiado tendenciosos, abarcan un espacio temporal más amplio. Nos gusta que los productos perduren. Como editores, debemos utilizar los materiales que le vayan mejor al producto, y no necesariamente porque todo el mundo esté utilizando un material en concreto no significa que funcione a tres o cuatro años vista.

Cómo es una lámpara perfecta?
Una lámpara perfecta podría ser una lámpara que formalmente sea bonita y que ilumine bien, que no moleste al encenderla. Me gusta que la luz de la lámpara no sea invasiva, que no ilumine por todos lados, que la luz que recibe la propia lámpara deje ver cosas interesantes del objeto y de su construcción. Que a veces decore pero que no sea demasiado estridente y que cuando esté encendida tenga esta segunda vida, que al verla digas ‘Ostras, qué bonita!’

En qué parte del proceso de desarrollo de producto disfrutas más?
Cuando empiezo a ver las primeras aproximaciones volumétricas. Aunque dibujando también me lo paso muy bien, dibujo siempre, a todas horas. Tengo una idea, cojo un papel y la dibujo en seguida. Llevo siempre esas libretitas encima. Y quizás la parte que menos me apasiona es el proceso de compras, de encargar moldes y pedir presupuestos. Aunque hay otras personas en Marset mucho mejor capacitadas que yo para llevar esta parte.

-Dibujas a mano, pero tienes una impresora 3D.

-Dibujo a mano, pero al final necesitamos la tecnología, me deja ver las cosas mucho más rápido, sobre todo para construir maquetas, y es que soy bastante impaciente.

– Hasta qué punto?

Cuando decidimos hacer un producto, hay muchas cosas que no se ven hasta que tienes el prototipo en tus manos y aunque intente transmitir los conceptos al equipo al final eres tú el que lo tienes en la mente. Y llegar a ese momento de poder ver el objeto, de poder decir “Es esto lo que yo quería”, genera impaciencia.