De la luz a la sombra con un solo gesto.

El nombre de la diosa griega Theia –madre del sol, la luna y la aurora– da nombre a esta lámpara porque con su diseño se quiere expresar ante todo la belleza de la luz y la fascinación que sentimos por ella. En Theia, materiales y formas son tan solo el medio para materializar el concepto que ha motivado su trabajo: unir en una misma pieza luz y sombra.

Theia tiene dos caras, para descubrirlas sólo hay que girarla suavemente sobre su eje. Se puede dirigir hacia el usuario y funciona como una lámpara para leer. O bien, hacia un objeto o una pared, creando un sutil efecto de luz indirecta que caldea el ambiente en un instante. Este giro cambia completamente la percepción de la pieza, ya que su difusor metálico es totalmente opaco.

Su diseño formal es elemental y reducido: dos semiesferas colocadas una en horizontal y otra en vertical que interseccionan entre sí. Formas elementales que, como en la propia naturaleza, hacen posible que, a partir de una fuente luminosa, la luz se proyecte, se refleje y sea absorbida por los objetos, para gozo de nuestra mirada.