Tiene nombre francés, nació en Alemania, pero su acento español conduce hasta las islas Canarias, donde creció. Llegó a Barcelona a mediados de los ochenta para acabar estudios de interiorismo. Poco después marchó a Milán y allí descubrió el diseño industrial colaborando con el arquitecto Marco Zanuso jr. en el desarrollo de productos para empresas como De Padova, Memphis y Driade; los arquitectos Roberto Menghi y Giulio Crespi; el diseñador industrial Sergio Coppola; y el arquitecto Antonio Zanuso en el proyecto ganador del concurso Piazza della Republica. Esta estancia milanesa le marcó profundamente.

Hombre inquieto, parece portador de ese ir y venir de sus progenitores belgas, que se aventuraron a afincarse en la España de los 60s. Con un padre arquitecto y manitas (se fabricaba las lámparas de casa con papiroflexia que había aprendido cuando trabajaba en Alemania), hace treinta años Christophe Mathieu transitó de la competición profesional de natación al mundo del diseño. Se mantiene abierto a los imprevistos de la vida, no excluye que a lo mejor un día lo deja y se dedica a algo muy distinto.
Asentado en Barcelona desde hace ya años, es uno de los diseñadores veteranos de Marset, para quien ha creado unos cuantos productos de éxito.